Playmedea ha resultado ser una experiencia que sacude desde adentro, profundamente transformadora, conmovedora y siempre con sorpresas nuevas bajo la manga, no sólo por la reacción que ha tenido en el público, sino por el espacio obligado de reflexión que me regala entorno a mi actoralidad.
Ayer en el camerino les decía a mis compañeras que ya estoy de nuevo embarcada en la urgencia de revisarme, un nuevo encuentro con mi ser actriz, una que es aceptada y que por esa misma razón comienza a ser cuestionada, pues todo lo que entra en el sistema tendrá que ser puesto en duda una y otra vez. Quiero decir que ya no soy la actriz que está esperando ser vista y que busca la aceptación de un medio y un público que aún no la mira lo suficiente, que duda de su técnica y que no sabe si éste es su lugar.. Ahora me siento reconocida y aceptada y tambien al borde de un peligro, cuando el tipo de preguntas que han acompañado mi trabajo ya no alcanzan para seguir creciendo.

El problema en este momento es que no reconozco claramente los criterios teatrales que tengo instalados de estos años de trabajo, ya no articulan en mi suficiente claridad y certeza; pero la pregunta fundamental es, dónde está ahora el disfrute de la actriz sobre el escenario.. Me alegra y me avasalla la mirada sorprendida de un público que va al teatro y encuentra teatro en el trabajo que realizo (yo y todos en Playmedea), pero algo se ha vaciado en estos días con respecto al más hondo placer, el de la comunicación.

Luego sigo..

¿AHORA QUÉ HICISTE, MAMÁ?

Play Medea, de David Hevia, en el Teatro El Galeón.

Play Medea (de InterEscena)

Medea es la mujer herida en su orgullo a causa de la traición del hombre por el cuál ella abandonó todo para seguirlo y apoyarlo; pocos años después, Jasón ha decidido contraer nupcias con Glauce, la hija de Creón, el altivo rey que no duda en desterrar a Medea, hecho ante el cuál la mujer reacciona con un punible acto de odio hacia quienes la han dañado, incluso, hacia sus propios hijos, según cuenta el mito.

Lo anterior es la base de la tragedia griega escrita por Eurípides que es, hasta nuestros días, una de las más representadas en todos los países del mundo. México no es la excepción y ya directores como José Solé, Manuel Montoro, José Caballero y María Muro han ofrecido su personalísima visión del mito, según los textos de Eurípides, Séneca o Anohuill.

Toca el turno a David Hevia, quien desecha tomar por completo el texto de alguno de estos autores clásicos y prefiere, a partir del de Eurípides, hacer una reinterpretación de la tragedia que, para su mejor ubicación en nuestro tiempo y nuestra realidad como sociedad de extremos machistas y feministas, elige el título Play Medea.

La apuesta principal de Hevia es muy sencilla, transportar a Medea, la que mató y fue repudiada con tal de seguir a su hombre, a algo que bien puede ser el México actual, en el que todavía se hace muy presente la discusión por el papel de la mujer en la sociedad, en el que todavía hay resabios de cuestionamiento a sus actos y a sus pasiones.

Hevia juega con el tiempo, lo cual enmarca el ambiguo vestuario de Saúl H. Liera y, por supuesto, la estupenda escenografía de Sergio Villegas, que recrea una suntuosa carpa de bodas, con mesas circulares incluidas, desde donde el espectador observa a los personajes ubicados en el templete que, en otra situación, sería ocupado por un animado grupo musical.

Pero ahora lo ocupa Medea, quien irrumpe en la celebración para reclamar lo que le pertenece y, ante la ignominia y el exilio que le son impuestos, tomar venganza asesinando a la novia, al rey y, finalmente, a sus hijos, a su vez cómplices involuntarios de los actos anteriores.

La xenofobia, la sedición y el feminismo son abordados a partir de la mirada lúdica y plena de imaginación de Hevia. Su propuesta musical al inicio de las bodas, durante el baile y antes del filicidio, revelan una visión irónica, que busca ser enfatizada en un epílogo poco afortunado, por reiterativo.

El director logra un trazo escénico muy rico en desplazamientos y contenciones, dejando siempre en primer plano a la protagonista absoluta de esta propuesta, la hechicera pasional, tan clásica y tan contemporánea, aquí vivamente encarnada por Carolina Politti, esa excelente actriz dotada de un amplio registro por el cual transita para enriquecer en todo momento a la Medea de Hevia.

Muy cerca de ella se halla la joven Mónica Jimenez, poseedora de una presencia escénica avasallante, con la cual compone a una Nana fuerte y atenta. Tanto ella como Mauricio Pimentel en su doble papel de Realfuck y el Pedagogo, se convierten en los principales soportes del trabajo de Politti.

El resto del elenco se ubica peldaños más abajo de los ya mencionados, resultando simplemente cumplidores. Por fortuna, esta Medea de nuestro siglo XXI tiene no sólo una excelente dramaturgia, sino a una actriz que le hace justicia y la lleva a caminos más nobles para el entendimiento del proceder de esta mujer que, sí, es tan necesaria como todo lo civilizado, Hevia dixit.


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