

Participo en una película bicentenial, que aún no tiene el título definido, pero que va de el cura Hidalgo (Demián Bichir). Se centra en el período en que el padre de la patria aún no lo es, y es enviado de párroco a un pueblo llamado San Felipe Torres Mochas. Ese momento sirve a la historia para mostrar a un hombre ávido de vida, apasionado del teatro y las mujeres (cómo sino se puede imaginar una revolución si no se encuentra uno pleno de deseo). Además de cuestionar a una institución por demás corrompida por sus propias contradicciones: la iglesia.
La experiencia ha sido inolvidable, la convivencia, las locaciones, el vestuario, el diseño de los espacios, hacían muy sencillo el sentirse en pleno 1790.
Disfruto mucho cuando mi imaginación es estimulada al grado que puedo viajar a otro tiempo y percibir en mi la atmósfera de un mundo que tiene su aroma y su modo de expresarse, en los más mínimos detalles. Me gusta cuando mi cuerpo no puede evitar manifestarse desde esa sensación y las palabras del guión cobran sentido todavía en el último instante de la acción. Cuando la imaginación está activa se puede confiar en que las situaciones van a a encontrar su cause, el que les corresponde, ese y no cualquiera.
Esto de ser actor no ha sido para mi miel sobre hojuelas, pero empiezo a sentir que es posible. jugar y pasarla bien, a partir de mi devenir creativo.
(Prometo terminar de sacudirme estos personajes que parece les encanta verme hacer, envueltos en represión y dificultad para fluir con el mundo, adornados de rigidéz y sexualidad reprimida..)